Si aun estás en términos amorosos con ella, la barrera es fácilmente franqueable, como una endeble barda suburbana. Una mirada lasciva, una sonrisa cómplice o un simple “¿nos vamos?” salva el obstáculo e incluso, si el ambiente es correcto, ella misma se liberará de la tela como una serpiente al cambiar de piel, pues su permanencia la limita; es en la desnudez cuando se realmente está en pareja.
También puede ocurrir que por el motivo que sea, ella no está de humor, está enojada con uno o más simplemente, el interés de ella hacia ti comienza a decaer. La ropa es entonces semeja al Muro de Berlín; es imponente, sus guardias se pasean de un lado con cara de “ni lo pienses”. En ese caso, será la pericia e intrepidez de cada uno lo que lo ayude, si puede, a cruzar la frontera.
Esta noche, sin embargo, ver su ropa fue como ver la Gran Muralla China, un obstáculo sencillamente imposible de superar. Admito que por un instante decidí ser Atila ,salvaje e indomable, pero también perseverante. No podía tan renunciar tan fácilmente a ser el azote del Sur – de tu sur - ¿qué es una muralla para el bárbaro conquistador? Un pinche montón de ladrillos superpuestos, nada más.
Muy poco duró esta decisión, fue desbaratada al poner mis ojos sobre los tuyos y no ver nada.
Una muralla, una montaña, un océano, son salvables...pero ¿la nada? ¿cómo demonios se enfrenta uno a la nada? Y peor, a una nada que proviene del mismo par de ojos que en noches anteriores reflejaron en los míos todo el deseo y la lujuria de este mundo. La respuesta es simple: No se puede.
Autor: Cazador de tatuajes-Renato
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Pato
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